Paskae ama a la Ciudadela y está feliz de volver después del arduo combate. La
Ciudadela está llena de magia, nadie pasa hambre, no hay violencia, y las Matriarcas se
aseguran que no le falte nada a nadie. Lo más importante: en la Ciudadela no hay
hombres, con sus mentes perversas y extrañas. Paskae sueña con aportar a su tierra
convirténdose en instructora de magia, pero cuando al fin vuelve de la guerra, las
Matriarcas le piden algo que no está dispuesta a hacer: que quede embarazada para
darle una nueva ciudadana a su pueblo. Junto con su compañera, Serina, Paskae tendrá que
afrontar el requisito de las Matriarcas sin dejar su sueño de enseñar magia, cueste lo que
cueste.